HistoriasRescate emotivoEl año que esperamos a Miles

26 de mayo, 202027284 min
Durante cuatro semanas de agosto de 1988 los aficionados del jazz en la Argentina creyeron alcanzar un anhelo largamente postergado. La empresa Prodin anunciaba que el 6 de setiembre Miles Davis tocaría en Buenos Aires. Pero el sueño duró nada. Miles estaba enfermo y el show fue cancelado. Moriría tres años después, trayendo una tristeza definitiva para los cientos de admiradores que aún recuerdan con nostalgia aquel enorme cartel con su rosto, vistiendo por única vez la histórica esquina del Luna Park.

Este 26 de mayo Miles Davis hubiera cumplido 94 años. Su figura y su enorme influencia siguen vigentes y han podido derrotar al tiempo. Lo saben los miles de argentinos que aún lo admiran y veneran su música sin distinción de edades o generaciones. Claro que los más veteranos cargan en su memoria una frustración extra e inapelable. La de aquella vez que su arte estuvo tan cerca que todo parecía un sueño.

Posiblemente Miles Davis haya sido la gran deuda que el empresariado del espectáculo nunca pudo pagarle a los aficionados al jazz en la Argentina. Hasta allí eran muchas las figuras que habían desembarcado en el país. Muchas fueron también las primeras espadas del jazz mundial que llenaron salas y teatros porteños en años más recientes. Pero Miles nunca vino.

El genio de la voz gastada moriría tres años después de su anunciada visita, un 29 de setiembre de 1991 en Santa Mónica, California. Le había alcanzado una sola vida de 65 años para revolucionar el jazz cuantas veces se lo propuso.

El 88 había sido para los argentinos un año de noticias impactantes. El 14 de febrero Alicia Muñiz era asesinada en la casa de Mar del Plata que compartía con el ex campeón mundial de boxeo Carlos Monzón, quien fue condenado por el crimen. En marzo, moría Alberto Olmedo al caer desde otro balcón marplatense y meses después el mejicano Ramón Valdés; el Don Ramón delgado hasta la exageración, tan poco aficionado al trabajo como al pago de la renta en la vecindad que había imaginado el talento de Roberto Gomez Bolaños.

Ese también fue el año del enojado discurso del presidente Raúl Alfonsín en medio de los abucheos de la Sociedad Rural, el del concierto de Amnistía Internacional que trajo a Bruce Springsteen, Peter Gabriel y Sting  a Buenos Aires, mientras Luis Alberto Spinetta editaba Tester de Violencia y el rock argentino perdía a Miguel Abuelo y Federico Moura.

Y fue entonces cuando se registró el más serio intento por traer a Miles Davis al país. La noticia se conoció un martes 9 de agosto de 1988, cuando la empresa Prodin, confirmó que el genio de Kind of Blue, llegaría para un único show, previsto para el 6 de setiembre en el Luna Park de Buenos Aires.

Durante las semanas que siguieron y a medida que se acercaba la fecha, la expectativa de los aficionados iba en aumento. Grandes carteles con el rostro adusto de Miles ocupaban la porteña esquina de Bouchard y Corrientes. En los alrededores los afiches callejeros repetían en riguroso blanco y negro la misma imagen que el trompetista había usado para su álbum A Tribute to Jack Johnson, editado por Columbia en 1971, y que constituía la banda sonora del documental de William Clayton sobre el primer boxeador negro que logró el campeonato mundial de los Peso Pesados.

¿Pero cuál era el presente de aquel Miles Davis que esperaban con ansias postergadas los argentinos?  Está claro que los años de revolucionaria innovación habían quedado definitivamente atrás. No era ya el Miles de su primer quinteto acústico, secundado por Bill Evans y John Coltrane. Se había alejado definitivamente del segundo y asistía no muy complacido al éxito de antiguos discípulos, como Chick Corea o Herbie Hankock.

Eran los años del alejamiento de Columbia y el desembarco en Warner, con material cada vez más cercano al país del rock, buscando públicos masivos y grandes estadios. De aquellos años fueron The Man With The Horn y  Star People, también Decoy, You’re Under Arrest y Tutu que lo vincularon con una nueva generación, como el saxofonista Bill Evans, el guitarrista Mike Stern o el bajista Darryl Jones; mientras alimentaba su amistad con Jimi Hendrix, Sly o Prince.

Cuando se anunció su visita, Miles trabajaba en lo que sería Amandla, con la influencia cada vez más creciente del bajista Marcus Miller; con Foley en guitarras, George Duke en teclados y un joven Kenny Garret en estado de gracia.  Esa era la banda de gira de Miles. Esa era la banda que  nunca llegó.

*El afiche original de Miles Davis en el Luna Park es gentileza de Carlos Cerignale.

Fernando Ríos

Fernando Ríos

Dirige la revista online argentjazz. Trabajó en la agencia Télam y en la Gerencia de Noticias de la TV Pública. Escribió para Revista de Jazz de Barcelona, BA Jazz Magazine, la web Registros a Media Voz de Islas Canarias, España, Clube de Jazz de Brasil, Newsweek y el diario Infobae de Buenos Aires.

2 comentarios

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    freddie fernandez volpe

    27 de mayo, 2020 a las 23:06

    En setiembre de 1986 le dije a mi Sra. Gloria …vamos a Rio !!! yo iba por trabajo dos o tres veces por año a Brasil, pero no a Rio. Queria ir y darme una panzada de musica !!! Llegue de noche al aeropuerto de el Galeao -hoy A.C. Jobim- y tome el coche alquilado y fui hasta el Hotel Nacional, el redondo que esta en Sao Conrado. Durante el viaje paso por Help y veo el cartel Hoje Miles Davis !!!. Guauuu…. pero llego al Hotel y quien tocaba esa noche en el hotel … Ray Charles !!! y muerto de cansancio, pensando que debia manejar 20 minutos para volver a Copacabana, buscar donde dejar el auto, conseguir los tickets, etc… me quede escuchando a Ray y despues charlando con mi amigo Hank Crawford. PD si hubiera sido Clifford …hubiera ido !!!

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    Gustavo Freiberg

    27 de mayo, 2020 a las 14:24

    Tenía las entradas! Fue una gran decepción, una deuda que nunca podremos saldar.

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