EntrevistasDaniel Tinte: «Yo le enseño Monk a los changos»

5 de marzo, 20146297 min
En medio de los paisajes salteños Daniel Tinte le escapa a lo previsible y bucea en el jazz para encontrar su propia música. Con casi 30 discos editados, este pianista y compositor no reniega de sus raíces, pero resiste el encasillamiento. Por eso, como profesor de la Escuela de Música de Salta forma a las nuevas generaciones en la búsqueda y la inquietud. Mientras tanto continúa su propio camino. “Aquí la música está en el aire”, dice.

Daniel Tinte ríe con ganas como si lo hubieran descubierto haciendo alguna picardía. El músico que fusionó al Cuchi Leguizamón con Thelonious Monk, el que se reconoce como “un rockero que jazzea folclóricamente”, lleva décadas haciendo y enseñando jazz en medio del paisaje salteño, con la misma naturalidad con la que respira.

¿Cómo es que comenzás a hacer jazz en Salta, en medio de paisajes que evocan otras músicas?

Bueno, yo hace más de 20 años que estoy haciendo fusión entre la música de mi provincia y el jazz. Esa relación, aunque no lo creas,  está en el aire en la provincia. Aquí hay gente que hace muchos años viene relacionando los ritmos salteños con otras corrientes. No soy el primero que lo hace ni mucho menos. Eso está instalado aquí, en cada música, en las casas mismas, en cada lugar de encuentro, donde uno puede ir a escucharla. Está a la vuelta de la esquina, te puedo decir.

Son prejuicios, pero siempre se relaciona a Salta con cierto tipo de folclore

Pero no es así. Salta es uno de las provincias que más música aborigen tiene en este momento. Si vos vas al sur te vas a encontrar con la parte más criolla. La chacarera, la zamba, ritmos que todos conocen. Pero en otras regiones, al norte  de la provincia  predomina la música aborigen, que no es tan conocida en las grandes ciudades, como Buenos Aires. Es una música que está permanentemente, pero pocos la toman para hacerla difundir más. Tenés el Joi joi, el Kaluyo, el Yaraví, el Tinku, la comparsa salteña, por ejemplo. Músicas hermosas que pocos conocen y que tienen mucho para dar. Y eso es lo que me atrae a mí. Son músicas más ligadas a la Puna, a la región salto-jujeña y al contacto con Bolivia. Allí hay mucha música que no llega a las grandes ciudades. Es una música pura. Nada comercial. Un folclore auténtico, que no es el que se toca en los grandes festivales.

¿Cómo y cuando llegás entonces al jazz?

De chico estudie rock, porque como todo adolescente era una música que me atrapaba. El rock nacional, las grandes bandas inglesas. Luego entendí que había que estudiar clásica, que había que saber armonía. El siguiente paso fue el blues y el jazz. Cuando llegó aquí el primer Real Book  todos los changos nos tiramos de cabeza. ¡Había allí tanto para aprender!.  Entonces comencé juntarme con gente que tuviera estas mismas inquietudes. Y allí comenzamos a fusionar, a jugar  buscando nuestra propia música. Luego tuve la oportunidad de tocar y aprender con algunos músicos muy buenos que llegaban de Buenos Aires, como Pablo Ledesma o Fernando Lerman. Eso también me ayudó.

¿Siempre la fusión asociada al folclore?

Claro. Esa mezcla con el folclore estuvo siempre en mí. Si vos vivís en Salta, del folclore no te salvas. Durante algunos años acompañé a folcloristas. Estuve con Zamba Quipildor, Patricio Giménez, el Dúo Salteño y muchos otros. Pero por otro lado tocaba rock con mis amigos. Y cuando llegó el momento del jazz para mi, esa fusión se dio naturalmente.  Hasta el día de hoy. Fijate que cuando comencé a enseñar en la escuela, yo tendría unos 24, 25 años, armé enseguida un tallercito para enseñar estas cosas. Le ponía Monk a los changos para que estudiaran….

Imagino que todo el entorno de una provincia tan linda, es muy inspirador para un músico…

Acá hay millones de lugares que inspiran música. Hay cientos de pueblitos y yo cuando los recorro me da la necesidad de ponerles música. Quisquiri es uno de ellos. Es un lugar buenísimo, un paraje hermoso, que está como de paso. Pero yo no sigo de largo. Me quedo y me inspiro. Quisquiri se merecía un disco.

Pero en “Quisquiri” haces rock y pesado…

Yo a este disco me lo debía. Quería hacer rock. Yo digo en broma que hice heavy metal calchaquí. Pero lo cierto es que no hay que cerrarse. Hay que buscar. Por eso mi ídolo en la música es Miles Davis. El no le tuvo miedo a nada. Metió lo electrónico en el jazz y poco antes de morir estaba buscandoen el hip hop y el rap.

Vos no te quedás atrás en este sentido…

Si la verdad…(risas). Por eso cuando me preguntan qué hago, yo a veces contesto que soy un rockero que toca jazz folclóricamente, o un jazzero que toca folclore rockeramente…

En estos años editaste casi 30 discos…

Si tengo 28 discos editados. Los últimos son “Quisquiri”, del que hablábamos, y uno de piano solo que se llama “La armonía del silencio”. Son los últimos que subí y son muy distintos. Uno es bien rockero, como te decía y el otro es un piano solo, muy tranquilo. Todos con composiciones mías. Tengo otros dos discos que están listos pero todavía no edité. Uno con Pablo Ledesma y otro con el “Mono” Hurtado. Esta música, aún no editada, pertenece a un trabajo que se llama “Orillas” que va a editar Queco Ferro, un fotógrafo de acá. 

Sos además un compositor muy prolífico. ¿Estás componiendo todo el tiempo?

Si. Siempre estoy componiendo. Trato de que la composición sea una tarea diaria. Un oficio, como el de un carpintero que todos los días se levanta y construye sus cositas . Así lo veo yo.

Tus primeros discos los editaste en formato físico, pero ahora sólo los subís a internet,  en tu propia página y los compartís.

Si. Los ocho primeros que saqué son en formato físico. Después, en el 2010, decidí solamente subirlos  a internet. Ahora los changos escuchan todo por mp3 y además los costos han subido mucho. No tanto la grabación, porque yo lo hago aquí, en mi casa con mis equipos. Pero la imprenta, el armado, cuesta mucho dinero.  Y los subo a mi página y la gente los escucha allí o se los baja. Tenemos miles de bajadas y eso es bueno para difundir la música. Yo creo que ese es el camino. Poner la música y las partituras en internet, para que los changos escuchen y estudien. La música tiene que caminar.

Algo así como lo que está haciendo Esteban Sehinkman con el Real Book Argentino…

Claro. Lo de Esteban es un trabajo maravilloso. Ojala lo siga haciendo, porque debe ser bravo armar algo así. Pero si. Es un trabajo hermoso el que ha hecho. Acá en Salta todos los changos se han bajado las partituras. Yo los veo y pienso que bueno hubiera sido tener algo así cuando yo empecé. O tener un profesor de blues o de jazz, como hay ahora en la escuela en donde yo estoy. Pero si, el trabajo de Esteban es genial.

Hay temas tuyos allí. Incluso los han tocado con el Ensamble…

Si, me han contado Richard Nant y el Pollo Raffo cuando anduvieron por acá. Me contaron que estaban preparando “Leguisamonk”. Yo les estoy súper agradecido. Me parece muy bueno todo eso.

“Leguisamonk”, de tu disco “Jazz Calchaquí”, es tu tema más conocido, no?

Si, puede ser. Es que les ha hecho gracia el nombre.

¿Cómo se te ocurrió fusionar al Cuchi Leguizamón con Thelonious Monk?

Siempre pensé que tenían cosas parecidas. Cuando tocaba temas del Cuchi me daba de pensar que tenía cosas parecidas a Monk. Y a la inversa también. Y un día charlando de esto me di cuenta que solo tenían una “K” de diferencia. Además habían nacido el mismo año, en 1917. Después supe que cuando el Cuchi fue a Europa, que fue una sola vez a Francia, le habían dicho que tocaba como Monk. Y en realidad él nunca lo conoció. Pero fíjate que cosa…uno haciendo esas armonías en el Norte y el otro haciendo también lo suyo en Nueva York. Yo creo que eran hermanos y ellos no lo sabían…

Para escuchar o bajar la música de Daniel Tinte en la web.
www.danieltinte.com.ar

 

Fernando Ríos

Fernando Ríos

Dirige la revista online argentjazz. Trabajó en la agencia Télam y en la Gerencia de Noticias de la TV Pública. Escribió para Revista de Jazz de Barcelona, BA Jazz Magazine, la web Registros a Media Voz de Islas Canarias, España, Clube de Jazz de Brasil y el diario Infobae de Buenos Aires.