EntrevistasLibrosLa otra historia del Jazz

8 de agosto, 201915026 min
Charles Mingus internado en el Hospital Fernández. Louis Armstrong preso en una comisaría por ruidos molestos. Dizzy Gillespie vestido de gaucho paseando a caballo por el centro de Buenos Aires. Imágenes que bien podrían integrar una disparatada comedia de Mel Brooks, pero que fueron tan ciertas como el deslumbramiento de Stan Getz con Astor Piazzolla o el interés de Duke Ellington por Oscar Alemán.  Historias increíbles que muchos años después vuelven, insólitas y vigentes, de la mano de Claudio Parisi entre las páginas de su interesante “Grandes del  Jazz Internacional en la Argentina (1956-1979)” editado por Gourmet Musical.

“Che Luzbe, traeme el saxofón del negro”.  El Bebe Eguía, el mítico saxofonista de precaria salud  apenas se podía sostener, pero se había escapado del hospital para ver a Dizzy Gillespie en su primera visita al país.  Luego de la función,  sus amigos lo llevaron al Rende Vouz  para ver una jam con algunos músicos de la orquesta. El saxo de Billy Mitchell, descansaba en un rincón mientras Phill Woods improvisaba en el piano algunos pasajes de Body and Soul.  Con el caño de Mitchell apoyado en el suelo, ya sin fuerzas para levantarlo, el Bebe se sumergió en aquella melodía.  El sonido trajo de vuelta a su dueño.  Mitchell  “llegó hasta donde estaba tocando el Bebe, se arrodilló delante de él y lo empezó a mirar. No lo podía creer. Se le caían las lágrimas”. La anécdota, contada de primera mano por Jorge López Ruiz, es una de las tantas rescatadas del olvido por Claudio Parisi,  y que ahora toman forma de libro en “Grandes del Jazz Internacional en Argentina”,  para dejar invaluable testimonio de una época irrepetible.

Según decís en tu libro, comenzaste a recopilar estas anécdotas en el 2005. ¿Qué te impulsó a concretar una obra de estas características?

Si, comencé en 2005, fueron años de mucho trabajo. De recopilar, armar, de darles un orden. Hoy ver que todo ese material de años llegó al libro es algo increíble para mi. Lo que me dio mucha energía para publicarlo fue ver la importante cantidad de artistas que había entrevistado a lo largo de todos estos años y que ya no estaban. Que habían fallecido. Yo sentí que tenía que sacar este material. Tenía que concretar el libro, por respeto a ellos.

Vos ya trabajabas en esto aún cuando no existía la Editorial en la cual salió publicado, pero tu relación con Gourmet Musical venía de antes.

A Leandro (Donozo) yo lo conocía desde mucho antes de que él tuviera la editorial. Leandro tiene una importante colección de revistas de música y yo muchas veces la consulté cuando estaba en el proceso de armado de todo este material.  Después él  hizo la editorial y desde entonces yo pensé que cuando el libro estuviera terminado, el lugar “natural” para que salga era Gourmet.  El libro iba a salir el año pasado y la crisis  lo postergó. Pero lo importante es que ahora está y para mi es una alegría gigante.  Además tiene el respaldo de la Editorial y está en todo el país.  Es decir que no solo disfruto la alegría de que haya tomado forma, sino también de que se vea, de que esté a disposición de la gente en las principales ciudades del país y que estas historias no queden en un cajón, que puedan conocerse…eso me pone muy contento.

Imaginó que algunas historias habrán quedado afuera. ¿Cuál fue el proceso de selección para las que finalmente llegaron al libro?

Si, algunas historias quedaron afuera porque si no el libro se hacía muy voluminoso. En otros casos insistí especialmente para que otras estuvieran.  Principalmente traté de que quedaron los músicos más importantes o los más representativos de lo que era el jazz en aquellos momentos.  Hay figuras como Dizzy, Armstrong o Ella Fitzgerald que no podían quedar afuera, obviamente.  En otras, como te decía, insistí para integrarlas. Como el caso de Cab Calloway. Yo quería que estuviera porque hay mucha gente que no sabía que había venido al país.  Si bien la historia que está en el libro es pequeña, al menos se deja constancia de que estuvo y actuó.

El libro comienza en 1956 y finaliza en 1979. ¿Porque elegiste esa fecha final?

Un poco por las dimensiones que hasta allí tenía el libro. No podía sumar más páginas. Y otro poco porque a partir de ese año , te diría, cambia el estilo de las visitas internacionales.  Empieza a aparecer más la fusión del jazz con el rock. Y comienzan a venir figuras como Chick Corea, vuelve John Mc Laughlin, viene Weather Report…se comienzan a espaciar los nombres del jazz más tradicional, más histórico. Si bien algunas de estas figuras emblemáticas volvieron después al país, hay allí en esos años como un punto de inflexión y me pareció que era un buen motivo para cerrar el trabajo en ese año.

Pareciera que las visitas de aquellos años son muy distintas a las actuales.  ¿Había  más interacción con el público y con los músicos locales o es solo una sensación?

Si, totalmente cierto. Aquellas visitas eran mucho más relajadas. Venían por mucho más tiempo.  Había artistas que pasaban 10 o 15 días en el país. Entonces el acercamiento con los músicos locales también era otro, mucho más directo.  Incluso cuando las visitas eran más breves, como en el caso de Cannonball  Adderley que estuvo sólo un día;  no era tan difícil llegar a ellos.  Hoy un artista viene tan “custodiado”, tan cuidado, que es casi imposible acercarse.  Son otros tiempos. Hoy el artista llega a la mañana al país, a la tarde prueba sonido, a la noche actúa y al otro día se fue. Antes no era así.

Lalo Schifrin

Es interesante que, en paralelo a las historias y las anécdotas de los músicos internacionales que llegaban, vos reflejás  también como era la escena local, los artistas y los locales que conformaban el jazz cotidiano de los argentinos.   

Sí, claro, la historia de los boliches y también de los personajes que había en ese entonces.  Por ejemplo Carlos Tarzia, en cuya casa se reunían los músicos que venían y armaban jams con los locales. O Jamaica, un lugar en que apenas entraban 50 personas, pero en el que podías ver los grupos de Sergio Mihanovich o Baby López Furst,  con el agregado del Gato Barbieri, al quinteto de Astor Piazzolla o el dúo de Horacio Salgan y Ubaldo de Lio. Todo en un boliche para 50 personas.  Fijate que cuando vino Ella Fitzerald, la primera vez, ya conocía de la existencia de Jamaica.  El jazz en aquellos años era muy popular.  De alguna manera, como vos decís, yo intenté también rescatar la historia del jazz argentino a través de las visitas. Y todo contado en primera persona por los que fueron protagonistas y con fotografías de esas visitas o la reproducción de los avisos o los programas originales.

El libro tiene también un par de dedicatorias especiales…

Si, a dos grandes amigos.  Jorge Negro Gonzalez y Nano Herrera.  El Negro es una de las grandes usinas de este anecdotario. El y también Nano.  Por eso el libro está dedicado a ellos.  Eran dos grandes amigos que se fueron. Además el prólogo que escribió Gustavo Bergalli estaba pensando que lo escribieran los dos juntos, pero el Negro, pícaro, se fue antes.

 

Grandes del Jazz Internacional en Argentina (1956-1979)

357 pags. Ediciones Gourmet Musical. 2019

Presentación oficial. 27 de agosto. 19 hs. La Cúpula. CCK

Fernando Ríos

Fernando Ríos

Dirige la revista online argentjazz. Trabajó en la agencia Télam y en la Gerencia de Noticias de la TV Pública. Escribió para Revista de Jazz de Barcelona, BA Jazz Magazine, la web Registros a Media Voz de Islas Canarias, España, Clube de Jazz de Brasil y el diario Infobae de Buenos Aires.

Un comentario

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    freddie fernandez volpe

    8 de agosto, 2019 a las 18:35

    Tenia 13 años cuando vi a Gillespie en el Teatro Casino en el 56…asi que cuando vuelva a la Argentina -estoy en USA, visitando a mi hijo y mis nietos- ire a comprar el libro, ya que fui modesto observador del movimiento jazzistico de esos años. Imposible no lagrimear cuando uno se acuerda de los conciertos de los lunes por la noche en teatro El Nacional de la banda de Lalo Schiffrin.

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