De ascendencia haitiana, Julius Rodríguez es una de las figuras emergentes de la nueva escena internacional del jazz. De paso por Buenos Aires en abril del 2025 como parte de la banda de Kurt Elling; el pianista regresa ahora para cuatro shows en el Bebop porteño al frente de su cuarteto y con sus propias composiciones, en las que el jazz se fusiona con distintos ritmos urbanos.

La crítica estadounidense no duda en destacar a Julius Rodríguez como un músico de técnica impecable y una clara visión artística. Claridad que también emerge en cada una de sus respuestas, mostrando un pensamiento madurado respecto del pasado, presente y futuro del jazz.
Con una más que interesante trayectoria, que le permitió compartir escenarios con Kurt Elling, Meshell Ndegeocello, Lianne La Havas, Remi Wolf o Chris Botti; el pianista llega ahora por primera vez al escenario del Bebop con sus propias composiciones y al frente de su nuevo cuarteto.
Los grandes músicos de la historia, dice, “simplemente hacían la música más honesta y verdadera posible a partir de sí mismos y de sus influencias. Eso es lo que intento hacer yo, y creo que eso es lo que debe suceder para mantener viva esta música del modo en que fue concebida”.

Cuando la crítica se refiere a vos, habla de tu mixtura del jazz con ritmos urbanos actuales, como el pop, el hip-hop y la música dance. ¿Te sentís representado en esa definición?
Sí, de alguna manera, si queremos ponernos técnicos con los términos. Pero, siendo totalmente honesto, la música que intento crear no la hago para que existan etiquetas que la definan. Cuanto más difícil es definirla, más cerca siento que estoy de lo que realmente quiero alcanzar. Entonces sí, esa es una descripción bastante básica de lo que sucede, pero creo que va mucho más allá y es mucho más profunda cuando uno escucha la música y la experimenta en primera persona, en lugar de intentar hablar sobre ella o describirla con palabras.
Estos cruces y el aporte de músicos como Robert Glasper, Jon Batiste, Nubya Garcia y Kamasi Washington son resistidos por los tradicionalistas. ¿Cuál es tu mirada sobre la evolución del jazz? ¿Puede prescindir de estas mixturas?
El jazz no puede existir sin esos cruces, porque justamente esos cruces son las condiciones que dieron origen a la música que hoy conocemos como jazz. Estas cosas no existieron siempre. Las formas tradicionales que hoy conocemos comenzaron como ragtime, música de brass bands, distintos tipos de música de baile. Todas esas tradiciones tuvieron que cruzarse entre sí para llegar al swing, al bebop, al jazz afrolatino, a los ritmos cubanos influyendo en la manera de abordar la armonía. Todas esas influencias son las que crearon el jazz que los tradicionalistas reconocen como jazz.

A pesar de tu amplitud artística, cada vez que te preguntan por tus influencias citás a Monk, Bud Powell o Hancock, figuras eminentemente jazzísticas. ¿En qué medida estas influencias históricas condicionan a los músicos de tu generación?
Lo interesante de esas figuras profundamente arraigadas en la tradición del jazz es que, en su momento, estaban haciendo cosas que no eran tradicionales. Estaban haciendo algo nuevo, de vanguardia. Muchas veces no recibieron reconocimiento positivo por lo que hacían, pero no les importaba. Eran tan fieles a lo que querían hacer artísticamente que sus ideas surgían de la manera más honesta posible, y por eso resistieron el paso del tiempo. Por eso todavía hoy seguimos hablando de ellos. Por eso seguimos apreciando e inspirándonos en lo que hicieron hace cincuenta o setenta y cinco años. Y ese también es mi objetivo: crear algo tan honesto que también resista el paso del tiempo. Que dentro de cincuenta o setenta y cinco años la gente siga hablando de lo que estoy haciendo hoy.
¿Y esas influencias históricas que mencionás pueden convivir con las actuales sin confrontarlas?
Mira…para que esta música siga siendo lo que es, tiene que continuar evolucionando con las influencias nuevas y contemporáneas que tenemos a disposición para crear música nueva. Duke Ellington no creía en los géneros, John Coltrane tampoco; ellos no llamaban “jazz” a su música. Simplemente hacían la música más honesta y verdadera posible a partir de sí mismos y de sus influencias. En definitiva, eso es lo que intento hacer yo, y creo que eso es lo que debe suceder para mantener viva esta música del modo en que fue concebida.

Vi tu show en el Tiny Desk de 2024. ¿Te sentís más cómodo en contextos íntimos o preferís los espacios amplios, como los teatros, para desarrollar tu música?
Creo que tocar en espacios de todos los tamaños y configuraciones es importante para desarrollar plenamente mi música. Pero personalmente sí tengo preferencia por los lugares más pequeños e íntimos. Todo es más directo y, incluso físicamente, uno puede conectar más con la gente: hablar, hacer contacto visual, experimentar la música de una manera muy personal tanto desde el lado del oyente como desde el del intérprete.
¿Cómo es tu forma de componer y de qué manera luego eso se transforma o evoluciona al llegar al estudio de grabación e interactuar con otros músicos?
Mi proceso de composición es muy abierto. Lo importante es que no termina una vez que la canción está escrita o grabada. Me gusta seguir evolucionando las composiciones incluso después de haber sido editadas. Las ideas pueden surgir desde cualquier lugar: improvisando en el piano, desde una línea de bajo o desde la batería. Me gusta componer canciones a partir de distintos instrumentos.

¿Y estas ideas que inician un tema necesitan de un entorno favorable o de un ambiente específico para surgir?
No. A veces aparecen en lugares aleatorios: en un aeropuerto o caminando por la calle. Si no estoy cerca de un instrumento, trato de encontrar alguna manera de anotar la idea o grabarla en una nota de voz. Tomo esas ideas breves e intento desarrollarlas, o las llevo a la banda, las tocamos en distintas configuraciones y vemos dónde funcionan y dónde no, qué hay que cambiar, cómo las interpreta cada músico. Si alguien toca una canción de una manera distinta a la que yo imaginaba, incluso puedo cambiarla para ir en esa dirección.
¿Y una vez que entras al estudio eso puede volver a cambiar?
Una vez que entramos al estudio, aparecen además todas las herramientas de edición para ajustar cosas y reinventar ciertos aspectos que quizás no hubieran surgido naturalmente tocando en vivo. Por ejemplo, en mi tema Around the World, la segunda sección fue improvisada por Nate Mercereau poniendo toda la canción en un sampler y reproduciendo fragmentos a través de la guitarra para encontrar combinaciones armónicas distintas de las que yo había imaginado originalmente. Así que usar distintas herramientas de estudio, además de tocar con otros músicos, siempre forma parte importante del proceso compositivo. Intento mantenerme abierto a todo eso.
¿Qué podés adelantar de tus shows en Bebop? ¿Van a estar basados en tus discos más recientes o traés también material nuevo?
Los shows en Bebop van a ser una combinación de todo: música ya editada, música en la que estuve trabajando recientemente y también material pensado para futuros lanzamientos. No estarán centrados en un período específico, sino que serán una especie de recorrido amplio por toda la música en la que estuve trabajando. Estoy muy entusiasmado de poder llevarlo para allá.
Julius Rodríguez en Bebop Club.
Julius Rodríguez, piano y composición / Brandon Rose, bajo eléctrico y contrabajo / Emilio Modeste, saxos / Joshua Watkins, batería. Lunes 18 y martes 19 de mayo a las 20 y 22.30 en Bebop Club, Uriarte 1658 (Palermo, CABA). Entradas desde $48.000 a través de www.bebopclub.com.ar, por boletería, de lunes a domingos de 17 a 20, o en puerta.






