El 2025 no estará seguramente entre los mejores recuerdos del aficionado. A la histórica escasez de lugares con música en vivo, se sumaron la merma en las grabaciones, la continuidad de shows tributos que poco aportan a la novedad, y sobre el cierre del calendario el previsible final del Festival Internacional de Buenos Aires. Solo la pujanza de los músicos y de algunos pocos sellos, quebró la monotonía de un año para el olvido.

Es difícil que el año que termina figure entre los mejores recuerdos que atesore de aquí en más el aficionado porteño. La reiteración de viejos problemas (pocos locales jazzeros, la proliferación de tributos alejados de la novedad, la desaparición del CD, proyectos y grupos impedidos de grabar sus propuestas, etc) caracterizaron un año de escaso relieve.
Frágil calendario que sobre el final sumó una nueva frustración, esperada es cierto, pero no por eso menos lamentable: la cancelación del Festival Internacional de Buenos Aires, que por años fue una vidriera singular para los músicos locales y una oportunidad única para el aficionado, que pudo ver figuras trascendentes que nunca hubieran sido convocadas por el circuito comercial.

Sin esta oportunidad masiva, músicos y público se centraron a lo largo del año en los pocos locales que ofrecieron programas de interés en la ciudad. Entre ellos el pequeño y siempre vigente Virasoro de Palermo, el Bebop Club con una cartelera local e internacional, Prez en Recoleta y su escenario siempre abierto a los proyectos más innovadores y Thelonious Club, un referente de la escena local. A ellos se sumaron el Café Berlín, Cuerda mecánica, el Café Vinilo y el Moran que abrieron necesarios espacios para la actividad jazzera.
En materia discográfica el 2025 no fue tampoco un año para el recuerdo, con pocas novedades ante la casi desaparición del formato CD. Sabido es que si bien el disco era solventado en la mayoría de los casos por los propios artistas; cumplía un importante rol como elemento de difusión, vendiéndose en los shows o como carta de presentación ante clubes y festivales. Pero su desuso y el avance irrefrenable del streaming, un negocio para pocos, hizo que los músicos de jazz se replantearan la grabación de su propio material o directamente la descartaran.

Aquí entonces, más como un emblema de resistencia que un negocio de difícil rentabilidad, destacaron los esfuerzos personales y de algunos sellos independientes. Como el rosarino BlueArt, que persiste en su valiosa política de difusión, el Club del Disco, Acqua Records, el estadounidense ears&eyes, que integra músicos argentinos en su catálogo y los pequeños emprendimientos como Numeral, Isla desierta o el marplatense ICM.
A pesar de esta merma, el 2025 dejó propuestas de interés. Entre ellas los discos solistas de tres escalandrunes. Pipi Piazzolla con dos ediciones: Apocalipsis con su trio, y Solo, primer unipersonal del baterista; Mariano Sívori y su Como ir a la luna en formato de cuarteto y En un lugar, lo nuevo del piano trio de Nicolás Guerschberg.

En una línea más clásica se incluyen el Argentum Jazz Quinteto, que editó este año su primera placa. El grupo responde a la iniciativa de Oscar Giunta y Juan Cruz de Urquiza, a la que se sumaron Ricardo Cavalli, Guillermo Romero y Jerónimo Carmona; todos nombres singulares de la escena local-
También Get out of town, sexto álbum de la cantante Barbie Martínez, un proyecto colaborativo con Román Ostrowski en guitarra y Jerónimo Carmona en contrabajo. En el ámbito de las orquestas destacó la Whay Not Big Band , la agrupación que lidera Martín Pantyrer, conformada en su totalidad por músicos de la más reciente generación, con una seguidilla de shows con figuras invitadas.

Además aportaron interesantes miradas El sendero de los seres imaginarios, de Gastón de la Cruz; La piedra del herrero, de Cristian Andrada y dos recientes de BlueArt, Agalma Sur, primer disco del baterista de jazz Pablo Dawidowicz, junto a Mariano Suárez en trompeta, Gonzalo Mazzutti en contrabajo y Tom As A Mot en piano, La palabra repetida del trío de la pianista Rocío Giménez López con Franco Di Renzo y Luciano Ruggieri y el ambicioso The Ordeal, el singular recorrido que propone el contrabajista Sebastián de Urquiza, una composición de 40 minutos con influencias del jazz, música clásica y el rock progresivo.
Dentro de la vertiente más experimental destacaron Campanario, la más reciente producción del Trio Litúrgico, el grupo que integran Juan Pablo Arredondo, Carto Brandán y Ezequiel Jaime y Las estrellas cayeron, una mirada personal sobre los standarts en el talentoso trio de Arredondo, Maxi Kirszner y Nico Politzer; Absurdo, del saxofonista Matías Formica junto con Juan Bayón, Andrés Elstein y Leo Paganini editado por Numeral y Collector, el tercer álbum como líder del pianista y compositor argentino Ramiro Zayas, radicado en Berlín. También Roce, noveno álbum del guitarrista Wenchi Lazo y su incesante búsqueda sonora y el Tributo a Coltrane del también guitarrista Juampy Juarez.

Como así también la solidez de Sextante, un grupo conformado por Pablo Ledesma en saxo alto, Valentín Garvie en trompeta, Pablo Fenoglio en trombón, Pepe Angelillo en piano, Martín De Lassaletta en contrabajo y Javier Puyol en batería, que ya habían destacado en el Festival porteño del 2024 y que a partir de allí mantuvieron una nutrida agenda local, aunque por el momento sin un registro que permita apreciar su arte fuera de los escenarios.
Otro tanto podría señalarse de Mariano Loiácono, el inquieto trompetista cordobés que no solo dirige la Big Band del Bebop Club sino que ha mantenido una nutrida agenda al frente de su propio quinteto o en colaboración con músicos extranjeros que llegaron al escenario de la calle Uriarte, entre ellos el saxo Antonio Hart, el baterista Willlie Jones y el pianista Anthony Wonsey. Sobre mitad de año Loiácono concretó además la grabación de un nuevo disco en Nueva York y con artistas locales, en cierto sentido una continuidad de Vibrations, el registro que grabó en aquella ciudad en 2019 con la participación de George Garzone en saxo tenor.

También desde Nueva York alcanzo notoriedad Julia Moscardini, quien ocupó el tercer puesto final entre 200 participantes en el Sara Vaughan Competition que se celebró en aquella ciudad, ante un jurado que integraban Nnenna Freelon, Janis Siegel, Ann Hampton Callaway, Jon Fadis y Christian McBride.
El 2025 cierra también con algunas visitas internacionales de renombre. Por caso los cantantes Kurt Elling, Samara Joy y Stacey Kent, el grupo Bad Pus, el pianista Aaron Parks y los italianos Giovanni Mirabassi y Rosario Giuliani, todos ellos traídos por el Bebop Club, y a los que se sumaron por otros caminos el saxofonista Kamasi Washington, Snarky Puppy, la banda liderada por Michael League y el talentoso pianista armenio Tigran Hamasyan. Pocas luminarias para un año opaco.







