La fotógrafa argentina Laura Tenenbaum, una presencia constante en el circuito jazzero local, volvió a incluir su arte entre los 30 finalistas del concurso internacional Jazz World Photo. En esta edición participaron 120 fotografías de profesionales de 29 países. El ganador se conocerá el próximo 18 de abril en la ciudad checa de Trutnov.

Si la fotografía es un relato que no necesita de palabras, solo bastaría una mirada a las paredes del Bebop Club, uno de los locales emblemáticos del circuito jazzero porteño, para conocer su historia.
Allí, rodeando el escenario por el que desfilaron tantas figuras históricas, la serie de fotografías de Laura Tenenbaum muestra el instante sublime de la creación. Un testimonio a puro arte contra la fugacidad y el olvido, de la mano de una de las profesionales más creativas de la movida local.

Y es así que ahora, tal como había sucedido en las ediciones 2015, 2017 y la más reciente 2024; Laura volvió a ser elegida como uno de los 30 finalistas entre 120 profesionales de 29 países que se presentaron en la 13ra edición del Internacional Jazz World Photo 2026.
La fotografía de Tenenbaum seleccionada este año por el jurado del Jazz World Photo es una potente imagen del camerunés Richard Bona, reconocido bajista y vocalista ganador del Grammy, en su paso por el Teatro Coliseo en septiembre del 2025. (foto apertura)

El ganador se conocerá el próximo 18 de abril en ocasión del tradicional festival Jazzinec, que desde 1999 se celebra en los espacios públicos de la ciudad checa de Trutnov, con shows locales e internacionales, talleres para músicos, sesiones de escucha y exposiciones.
Desde un inicio la fotografía se ha mostrado como un compañero inseparable del jazz con su propio peso histórico. No solo como un mero registro documental, sino a menudo y en la lente de los más talentosos, como un arte que refleja otro arte. Testimonio y parte activa de una historia. Imágenes que detienen el tiempo y vencen al olvido.
Como las fotografías que buscan el premio mayor del Jazz World Photo. Como las tantas que desde las paredes de Bebop Club nos hablan de noches únicas. De esas que no necesitan de palabras para expresarse. Como la música misma.






