LibrosCarlos Sampayo: Memorias de un ladrón generoso

22 de septiembre, 20135107 min
La enumeración de sus logros llevaría a pensar en un hombre de varias vidas. Pero lo cierto es que Carlos Sampayo se arregló con una sola para ganar respeto y admiración como novelista, guionista de exitosos comics junto a José Muñoz, experto crítico de jazz, director de colecciones y autor de libros fundamentales. Como este “Memorias de un ladrón de discos”,  que editó Gauderio en Buenos Aires.

La reedición de “Memorias de un ladrón de discos” es una de las gratas novedades del mercado editorial y un regreso largamente esperado por los amantes del jazz, más allá de épocas y estilos. La original propuesta de Carlos Sampayo conforma un singular recorrido por la historia reciente de la Argentina a través de la construcción de una discoteca jazzera y de la propia vida de su protagonista. Como el Funes borgeano, Sampayo convierte su memoria prodigiosa en una puerta abierta al mundo del jazz y produce una obra que es, a la vez, un guiño cómplice para conocedores y una mano tendida hacia quienes buscan iniciarse.

La primera edición de “Memorias…” es de 1999. ¿Habías vuelto a leerlo antes de preparar esta reedición?

Si, de vez en cuando leía algo, para divertirme o para criticarme. Ahora volví a leerlo íntegramente y me encontré de nuevo conmigo. Es un libro tan particular…si hubiera sido una novela ni la vuelvo a leer. Pero con este libro entendí que era un recorrido por mi propia persona y porqué no recordarse. Recordar lo vivido, lo que cuento de mi cuando era muy joven, cuando era un chico.

 ¿Cambiarías algo en el texto después de estos años?

No. Yo si he cambiado en estos años. He modificado o atemperado mi opinión sobre algunos músicos con los que creo que he sido algo injusto. Lo explico en el nuevo prólogo. Pero no cambiaría el texto central, porque como te digo, ese soy yo en aquel momento. Qué sentido tiene cambiarlo.

Alguna vez contaste que te dio mucho trabajo escribirlo. Que tardaste casi cinco años en terminarlo…

Si, es así. Lo reescribí por lo menos tres veces. Me costó mucho. Creo que por todo lo que había detrás de lo que cuento. La idea motivadora son los discos, el nacimiento y la formación de la discoteca de jazz, pero no es eso solo. Esta también mi vida, mi infancia, mi juventud, la política, el amor, el exilio, la amistad. Hay una cosa ensayística en el libro,  más allá de la música y los discos. Además ya sabemos que recuperar la memoria es un ejercicio terapéutico.

El exilio marca de alguna manera el camino del texto…

El eje de la historia es mi ausencia. La explicación de porqué me fui de la Argentina. Es el libro de alguien cuyo destino era emigrar. “Aventuras…”  son las andanzas de un expatriado en la época más triste de nuestro país.

Debes ser una de las personas que más sabe sobre el jazz y su historia, pero te molesta que te califiquen como crítico de jazz. Por qué?

Porque no lo soy. No soy crítico musical porque no dispongo de los instrumentos como para serlo. Pienso en la música en cuanto expresión humana y trato de entender y reflexionar mientras escribo. Tampoco soy un melómano. Soy básicamente alguien que disfruta con las cosas bien hechas, y esto no corre sólo para la música.

Has dicho o escrito que en los 60 se destruyó todo en el jazz para no crear nada a cambio. ¿No le reconocés aporte creativo al free y a lo que se originó después?   

Mira, hay algo que es muy cierto. Toda forma de arte tiende a su propia disolución. La literatura se disuelve con Samuel Beckett.  La  pintura con Mark Rothco. Y el jazz con el free. Con Cecil Taylor, Ornette Coleman. Con algo de Coltrane. Todo lo que vino después fue una recapitulación sobre la propia música o sobre la historia del jazz. Pero no es novedoso. El caso de Wynton Marsalis es muy claro. A mi no me gusta lo que hace,  pero tiene su lógica. Ahora, también es cierto que dentro de esa recapitulación encontramos, no ya cosas originales en su totalidad, pero si con aportes originales.

¿Por ejemplo?

Por ejemplo  el uso de la mano izquierda en Brad Mehldau. Allí por un lado tenés que tener una  disfunción brutal y por el otro una gran capacidad técnica.  Pasa también con Jessica Williams. ¿Pero es una novedad total?…claro que no. Es una recapitulación.  En Mehldau está la historia del piano moderno en el jazz. De Bud Powell en adelante. Es decir en todo eso no hay una absoluta novedad. Porque la novedad ya ocurrió. Ocurrió con el be-bop. Ocurrió en los años 30 con los arreglos de Don Redman  y Benny Carter. Ocurrió con los solos de Lester Young. Y entonces cuando llegan los 60’s el “Conquistador” de Cecil Taylor destruye todo. Deshace todo eso.

¿Tampoco rescatás al Miles eléctrico y todo lo que eso generó?

El jazz rock, el jazz eléctrico y todo eso fue una operación comercial que duró poco. Yo se quienes operaron en ese invento y te doy los nombres: Teo Macero y Joe Zawinul. Una operación comercial que debo admitir, ayudó a popularizar el jazz, ya que alguna gente que escuchaba eso luego buscaba investigar un poco.  Pero a mi en lo personal no me gusta. Admito que hay cosas buenas, quizás algo de Wather Report, pero no me gusta.

Rescatabas a Mehldau. ¿Te gusta cuando versiona temas del rock?

No. Es lógico que a Mehldau le gusten cosas de su generación, aquella música juvenil con la que reaccionaba a las exigencias que le imponía su familia,que quería que sólo toque música clásica.  Pero a mi ya no me interesa más.  Su temática ya no me gusta. Tiene una gran calidad pero no me gusta. Ya me aburrí.  Tampoco me gusta como compositor. Es muy grandilocuente, como en «Largo», el disco que hizo en el 2001. Pero eso también le pasa a  Keith Jarret. Cuando pone sus temas en un disco es mejor saltar el surco. Lo mejor que hizo Jarret en los últimos años fue el trío de standards. Y antes de eso el cuarteto americano, que es simultáneo con su proyecto europeo con los suecos, pero mucho mejor. Eso es free y es extraordinario.

Pero si todo lo novedoso ya ocurrió y ahora solo tenemos recreación o recapitulación, ¿cuál es entonces el futuro del jazz?

El jazz no tiene futuro.  Tenía futuro hasta los años 60.  Ahora es un presente permanente. Salvo que se llegue a una nueva disolución. Y no me refiero sólo al jazz que se hace en los Estados Unidos, sino también al que se hace en Europa. Hay mucha exploración, en Francia sobre todo, en Italia, en Inglaterra, en Suecia. Pero no deja de ser una recapitulación. Incluso de lo propio. Cuando los italianos, como Paolo Fresu por ejemplo, se meten con el folclore, ya no me gusta.

Me cuesta creer que músicos como Dave Holland o Dave Douglas estén haciendo recapitulaciones y no dando pasos hacia adelante…

Dave Douglas está haciendo la música de Booker Little de los años 60. Igual me gusta. Es un músico excelente, aunque lo veo algo árido. Holland si me gusta. Pero de alguna manera él está recapitulando sobre su propia música.

¿Y lo mismo pasa en la Argentina?

Las últimas generaciones están haciendo muy buena música en el país. Escuché por ejemplo al trompetista Mariano Loíacono en vivo y luego me sorprendí muy gratamente con su último trabajo, el noneto que grabó para RivoRecórds. ¿Lo escuchaste?…tiene una versión de Cherokee que es extraordinaria. Es algo serio. Francisco Lo Vuolo también me gusta mucho. Hay toda una camada de músicos muy preparados. Tienen mucha información y gente que estudia mucho. Son chicos muy preparados.

 Memorias de un ladrón de discos
Carlos Sampayo
(Nueva versión corregida y aumentada)
321 pgs. 120 $
Gauderio Editor
Fernando Ríos

Fernando Ríos

Dirige la revista online argentjazz. Trabajó en la agencia Télam y en la Gerencia de Noticias de la TV Pública. Escribió para Revista de Jazz de Barcelona, BA Jazz Magazine, la web Registros a Media Voz de Islas Canarias, España, Clube de Jazz de Brasil y el diario Infobae de Buenos Aires.

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