EntrevistasPablo Díaz: música para «Un espacio vacío»

4 de marzo, 202081210 min
En 2016 el SLD Trío que componen Pablo Díaz, Paula Shocron y German Lamonega editaba su primer disco: Anfitrión. La novedad venía por partida doble. Junto al registro hacía también su presentación en sociedad NendoDango, el sello que a partir de allí sería la plataforma de futuros lanzamientos. Hoy la sociedad de Díaz y Shocron ha dado nuevos frutos. Discos, giras y escenarios compartidos por Estados Unidos y Europa. Y ahora un nuevo horizonte: Algo en un espacio vacío; el proyecto que remite al dúo original, para proponer nuevas miradas sobre la libre improvisación.

Pablo comencemos con una noticia. Luego de muchos años de trabajo conjunto dejaste de tocar en el grupo de Enrique Norris. ¿Qué te motivó a tomar esa decisión?

Si dejé de tocar el año pasado. El último concierto que hicimos juntos fue creo que en marzo en Morán. Yo toqué 12 años con Enrique. Sentía que musicalmente ya no encontraba posibilidades de expandirme hacia donde me interesaba. Vos sabés que en los últimos años junto con Paula (Shocron) le dimos un viraje a nuestra música a lo que estábamos haciendo. Esto no quiere decir que no me gustara tocar allí. Estaba buenísimo y podría seguir haciéndolo. Pero necesitaba otro espacio para poder hacer lo que yo quiero, lo que a mí me interesaba.

Imagino que no fue una decisión fácil después de tantos años.

No, para nada. Fue una decisión fuerte. Me llevó unos años concretarla, no es que pude soltarlo de un día para el otro. Vos pensá que con Enrique empecé a tocar profesionalmente. Fue mi primer grupo profesional, más allá de las cosas que había hecho con mis compañeros de estudio. No fue fácil, pero bueno, 12 años es un tiempo y en algún momento hay que dejarlo…

¿De la misma manera te estás alejando del jazz?…creo que nadie te imagina ya tocando dentro de algún estilo definido.

Creo que no volvería a tocar lo clásico. Igual creo que el rótulo jazz ya es algo que va quedando en desuso. Lo que sí creo que no haría, porque tampoco se me va a dar, es estar en contextos jazzeros tradicionales. Eso no va a pasar. Yo en los últimos años me fui alejando cada vez más de la música escrita, así que veo difícil por el momento el volver ahí. Además sigo viendo un gran potencial en la música improvisada. Si me preguntás qué quiero, es darle la importancia y el valor que tiene la improvisación libre como género en sí mismo. Como género que existe desde los años 70, más o menos. Creo que hay que resignificarlo y ponerlo en valor como un estilo en sí.

Bueno, pero a pesar de que existe como genero hace muchos años, se podría decir también que por acá la escena todavía no está tan consolidada.

Es una escena muy joven todavía. Aunque hay gente que hace muchos años ya venía trabajando en esto. Nosotros conocimos en Estados Unidos a Guillermo Gregorio, un músico con el que grabamos y que ya en los años 60 hacía este tipo de música. El por ese entonces ya hacía en Buenos Aires una música del estilo de Albert Ayler. Te imaginás que eran muy pocos. Ahora somos algunos más, pero seguimos siendo minoría.

Pero una minoría persistente…

Y si, hay que perseverar. Como dijo una vez Anthony Braxton, “en algún momento nos entenderán” (Risas). Pero fíjate justamente que a él, con todo lo que hace, con su modo de sentir la música, su propia escritura, su arte performático; se lo sigue considerando un músico de jazz.  Por eso a mí el rótulo no me molesta. Porque además sé que vengo de ahí. Pero me gusta usarlo como yo lo entiendo. Como una música en constante desarrollo, no como una música estancada.

Los últimos años con Paula actuaron en el exterior, armaron su propio sello y sacaron discos en Europa y Estados Unidos. Entre ellos Tensegridad, que editó el mítico sello Hat. Contame un poco sobre eso.

Si, entre los discos que hicimos últimamente con el trío que tenemos con Paula y con Germán (Lamonega), está este Tensegridad, que en 2017 editó Hatology y que nos tiene muy contentos. Luego hicimos El contorno del espacio, que editó el sello polaco Fundacja Sluchaj. También grabamos Diálogos, en trio con Guillermo Gregorio. Eso fue en Nueva York en 2017. Además hay varios otros trabajos, algunos por salir ya, como los discos que hicimos con William Parker y con Christoph Gallio. Hay otro disco con Kristin Norderval, que es una cantante de ópera noruega.

¿Todo esto que contás, se abrió a partir de haber integrado el catálogo de Hat con Tensegridad?

De alguna manera sí. Sobre fin del año pasado ganamos una beca de una Fundación que nos permitió actuar en Nueva York. Desde allí fuimos invitados a un Festival en Canadá. Viajar sigue siendo complicado. Aunque tengamos discos afuera. El centro de esta música está en Europa, que no mira para este lado: Mira hacia los Estados Unidos. Y Estados Unidos no compra nada de afuera. Y si te llegan a encontrar, es muy difícil que te paguen pasajes desde Argentina. Nosotros pudimos tocar en Canadá porque estábamos en Nueva York. Todo esto se fue armando a partir del dúo de origen con Paula. Por eso ahora grabamos un nuevo disco con batería y piano, como para englobar de alguna manera todo este proyecto. Lo que comenzó con el dúo,  ahora cierra con el dúo.

¿Qué características va a tener esta nueva propuesta?

Va tener una incidencia mayor lo performático. Eso es algo que nos comenzó a suceder en los viajes. Fuimos incorporando situaciones escénicas. Sabés que Paula hace tiempo que viene estudiando, profundizando el tema de la danza. Yo me fui metiendo un poco en todo lo que es performance. Y además hay una investigación sonora, que va a tomar forma finalmente en este nuevo proyecto del dúo.  El proyecto se llama “Algo en un espacio vacío”.

¿A qué se debe el nombre?

Empezó como una realidad. Nos pasó algunas veces que llegábamos a algún lugar, como en el Downtown Music Gallery en Nueva York, y veíamos que no había piano. O había un tambor o una batería abandonada. Algunas veces estaba todo perfecto, piano y batería, pero otras veces no. Entonces buscábamos igual la manera de hacer nuestra música. Y así, haciendo música en lugares donde a lo mejor no había nada, surgió este nombre. Luego con el tiempo lo fuimos resignificando. Dándole un sentido si se quiere más poético. Hoy creo que es un nombre que representa lo que hacemos. Esto de la libre improvisación se asemeja muchas veces a la sensación de caer o estar a punto de caer en el vacío. Y así se fue configurando.

La puesta en marcha de un sello propio, como NendoDango, es parte importante de toda esta movida. ¿Cuál fue la idea que le dio comienzo?

El sello lo comenzamos con Miguel  Crozzoli. Todo comenzó con Anfitrión, el primer disco del SLD  Trío. No teníamos donde sacarlo. Lo que nos ofrecían no nos interesaba. Entonces pensamos en sacarlo nosotros. Pero no como un hecho aislado, sino desde una plataforma que en un futuro pudiese contener toda nuestra música. Miguel estaba en una instancia similar a la nuestra con un disco suyo. Nunca lo pensamos como un sello. Y creo que ni siquiera ahora lo pensamos así. Es un catálogo con nuestra música. Lo que sucede es que hay tan pocos sellos que integren este tipo de música, que entonces cuando comenzó a conocerse lo que hacíamos, las reseñas, los artículos periodísticos acá, en Europa o los Estados Unidos comenzaron a hablar de NendoDango como un sello.

Y eso no está nada mal…

No para nada, está buenísimo. Pero no nos hacemos cargo de eso (Risas). Solo editamos nuestra música. No hacemos discos de otros. A pesar de que hay mucha gente que quiere publicar en el sello, por el momento no lo pensamos. Es tentador, pero también es una responsabilidad muy grande para ponerse al hombro. No sé si en algún momento daremos ese paso.

Vemos que la autogestión sigue siendo la salida.  Ustedes pueden acreditar todo un camino en eso.

Sí, creo que ese es el camino. Y pasa en todos lados. Mirá por ejemplo un músico como Ken Vandermark. Él se autogenera todo. Trabaja a full en eso. Y además está muy cerca de Europa, donde él, como improvisador, tiene mayor peso, incluso más que en su propio país.  Acá el problema es justamente el acá. Estamos lejos de todo. Lo que sí creo que se podría hacer aquí es lo que hace Catalytic Sound en Estados Unidos. No sé si lo conocés…

No, contame.

Bueno Catalytic Sound es una cooperativa que maneja Vandermark  otra gente y que contiene una serie de sellos con estética similar. Vos entrás a ese portal y tenés un montón de música. Pero no es un sello en sí, sino como una especie de catálogo con distintos sellos y un montón de artistas. Podés escuchar on line o comprar la descarga igual que en bandcamp. Yo pienso que acá podría andar algo así. Por eso le decía vez pasada a colegas que están haciendo este tipo de música, que armen sus propios sellos y después hacemos entre todos una especie de Catalytic Sound local y empezamos a subir todo ahí.

Hay una importante cantidad de músicos argentinos de libre improvisación que se han ido a vivir a Europa. ¿Vos y Paula, lo pensaron alguna vez?

Sí, pero por ahora seguimos resistiendo acá (Risas). Tenemos muchos amigos en Europa y sabemos que allá tampoco es sencillo. No es que por el hecho de estar en Europa vas a estar todo el tiempo de gira y actuando en festivales. Tenés que pelearla como la peleas acá. No le vas a escapar a la autogestión. Lo que llaman networking. Eso lo vi, no me lo contó nadie. Son horas sentado a la compu gestionando shows, becas, subsidios. Y lo hacen todos.

Hablemos sobre los oyentes y de algo que incluso se puede vivir como una frustración. Lo efímero de esta música. Lo que apreciaste en un show es irrepetible. Y lo que te gustó en un disco no lo vas a escuchar nunca en vivo, ni siquiera en la presentación “formal” de ese mismo disco.

Sí, es así. Pero lo que sí sucede con los improvisadores y con las combinaciones de gente que improvisa junta, es que tenés sonoridades. Si cuando escuchás el disco entendés la música solo como lo que es, como algo que sucedió en el momento, seguramente luego en un show vas a escuchar algo similar. Algo con esa identidad sonora. Pero desde luego que no lo mismo. Me parece que cuanto más trabajo y compromiso grupal hay entre los músicos que participan en la improvisación, es más fuerte la identidad sonora. Y eso es, en definitiva, lo que vas a encontrar en un show de música improvisada. Y no está nada mal.

Próximos shows de Pablo Díaz

13 de Marzo Cuerda Mecánica

‘Butes saltó al mar’ Cecilia Quinteros: cello, Valentín Garvie: trompeta, Paula Shocron: piano y Pablo Díaz: batería. 21hs $200 Juramento 4686, CABA.

14 de marzo Estudio Libres

‘Invenir’ con Marcelo von Schultz y Pablo Díaz en baterías y percusión. Presentación del disco. *la dirección del estudio es privada. Consultar en diazpablodaniel@gmail.com

www.pablodiaz.com.ar  

nendodango.bandcamp.com

Fernando Ríos

Fernando Ríos

Dirige la revista online argentjazz. Trabajó en la agencia Télam y en la Gerencia de Noticias de la TV Pública. Escribió para Revista de Jazz de Barcelona, BA Jazz Magazine, la web Registros a Media Voz de Islas Canarias, España, Clube de Jazz de Brasil y el diario Infobae de Buenos Aires.

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