Cuatro años después de aquel Silencio ensordecedor, su disco de 2021, Juan Bayon vuelve a escena con Como enfrentar al mundo entero, su nuevo registro como líder con edición del sello norteamericano ears&eyes Records. Al frente de un grupo singular que completan Juan Cruz de Urquiza, Lucas Goicoechea, Santiago Leibson, Lucio Balduini y Fran Cosavella; Bayon entrega un puñado de composiciones propias para un cuidado trabajo que combina con acierto riesgo y creatividad.

Una continuidad no explícita y difícil de poner en palabras une, con un entramado de sutilezas, la más reciente obra de Juan Bayon con sus producciones anteriores. Desde aquel Control, con el que ganó el Premio del Fondo Nacional de las Artes en 2012, al que le siguió Vidas simples, su primera producción en el sello que dirige Matthew Golombisky, para reafirmarse ahora con su más reciente registro, ocho piezas originales que nos aleccionan Como enfrentar al mundo entero con las armas de la mejor música.
Podría decirse que este disco dialoga de alguna manera con todos los anteriores tuyos, pero principalmente con Silencio ensordecedor. ¿Cómo lo sentís vos?
Si claro, hay una continuidad. En esencia es el mismo grupo en los dos últimos discos. La diferencia es que en Silencio… fue todo sobre la marcha. Le mandé los temas a Leo (Genovese) que me consta que se los estudió. Luego nos juntamos y en unas horas grabamos el disco. Hicimos un show a la noche y grabamos al día siguiente. Pasó también que veníamos funcionando como cuarteto desde el 2018, con Lucas (Goicoechea), Juan Cruz (De Urquiza) y Fran (Cosavella). Este para mi es el eje. Por eso este nuevo disco es de alguna manera el segundo registro del grupo, aunque aquí esté Santiago (Leibson) y no Leo, y aparezca Lucio (Balduini).
También hay una continuidad en la estética de tapa…
Si el arte de tapa. La fotografía de estos últimos trabajos es de Nico Gaggero, que además es músico y con quien toqué en el grupo Tatadios de Martín Sued. Nico junto con Florencio Justo en los controles, son de alguna manera mis socios en todos estos trabajos.

Aquí, como en los anteriores, todas las composiciones son tuyas. ¿Están escritas en función de este grupo?
Siempre trato de escribir para proyectos determinados. Ya sea un disco completo o para un grupo. También sucede a veces, y me sorprendo, que uso un tema pensado para un grupo en otro diferente y suena distinto. En este último disco, por ejemplo, está Resonancia que es un tema que viene de La deriva, el disco que hicimos con Federico Siksnys. Y suenan completamente diferentes.
Con el nivel de músicos que te acompañan imagino que los temas no llegan totalmente cerrados al estudio. ¿En qué medida se modifican luego con el aporte de cada uno?
Es que siempre hay algo muy fortuito en el componer y también en hacer un disco. En algunos casos podés tener un control casi total sobe la composición, pero en otros no. Y entonces tenés que soltar porque se van armando solos. No te olvides que es música instrumental, no hay una historia que sea contada con un texto. Por eso también muchas veces el tema se termina en el estudio, luego que escuchamos las distintas tomas y fuimos sacando y poniendo. Y allí suceden cosas que no estaban pensadas en el momento de la composición. Y luego sucede otro tanto en la edición y la mezcla, que para mí también son formas de componer.
Este ya es un proceso natural para este tipo de música.
Para mí es, incluso, una parte importante de la diversión. Porque me sorprendo a mí mismo con la forma final que tomó n tema que a lo mejor escribí hace un año y medio o dos, y que recién en el estudio y a punto de ser grabado, toma otra forma, otra dimensión. Un proceso compositivo que no tiene que ver específicamente con el lápiz y el papel.

¿Sentís que ya tenés un estilo definido como compositor?
No podría decir que es un estilo. Si que hay líneas que se continúan y que tienen que ver con mis intereses y con ideas a las que regreso de una u otra manera. No las notas, pero sí los conceptos. Intento siempre escribir música que a mí me gustaría escuchar. No como músico, sino como un oyente que busca ser sorprendido. De todas maneras, la composición es un proceso que solo es consciente hasta cierto punto.
¿Cómo es eso?
En mayor medida son ideas que te vienen cuando te ponés a trabajar. También es cierto que hay situaciones o ideas que se repiten y con esa repetición también viene el estilo. Por eso si vos escuchas, por ejemplo, un tema de Astor Piazzolla en un grupo que no es el de él y que incluso puede hasta no tener bandoneón, detectas indicios que te alcanzan para saber que fue escrita por Piazzolla.
¿Y esos indicios están también cuando ese compositor participa como instrumentista en grupos o músicas que no le pertenecen? Estoy pensando en Charlie Haden y su aporte en los grupos de Ornette Coleman, Carla Bley o tocando a dúo con Keith Jarrett.
Creo que hay que estar siempre abierto a la curiosidad. Eso ayuda a tener tu propio estilo. Además de valorarte a vos mismo como músico, como compositor. Saber qué podés aportar, cómo te podés conectar sin renunciar a quien sos. Y allí surge la honestidad. Que para mi es la mayor cualidad que tiene un músico, más allá de las notas que toque. Charlie Haden representa el summum de ese artista. Podía estar en diferentes contextos como los que mencionás o con sus propios grupos sin renunciar a su personalidad. Es todo lo contrario a un imitador. No necesitaba ponerse una careta diferente para entrar en distintas conversaciones.

Supongo que para un contrabajista que lidera un grupo es esencial la elección del baterista. ¿Qué buscás puntualmente vos a la hora de elegirlo?
Cuando busco un baterista tengo las mismas necesidades que con cualquier otro músico. Lo que sucede si, es que el baterista es muy definitorio para la identidad del grupo. Pero las características que busco son trasladables a cualquier otro instrumento y es un poco lo que te decía antes sobre la honestidad y el respeto por uno mismo. No quiero alguien que si vas a tocar funk suene como James Brown y si tocás folclore toque como Adolfo Ávalos o como Philly Joe Jones si hacés jazz. Tiene que ser alguien que sume todo eso en su propia persona, con su propia mirada.
¿Y particularmente con Fran Cosavella?
Lo que me sucede con Fran es que tengo mucha afinidad. Como también con Sergio Verdinelli, Andrés Elstein, Nico Politzer. Lo que yo necesito es que si les digo esto es como un reguetón, pero en siete, que toquen algo que no sea exactamente un reguetón en siete. Pero si que puedan entender a través de su propia personalidad lo que les estoy pidiendo. Y con Fran me pasa algo maravilloso, porque no importa lo que yo le diga siempre él lo lleva a un lado muy personal. En el disco anterior hay un tema que se llama Gigante indestructible. Yo allí le dije que la introducción es drum & bass en 7/4 y la parte A es afro beat y está como en 6/4, algo así. Pero si escuchás el tema ninguna de las dos cosas esta literal. Hay un aire, pero no está de manera literal. Y eso en músicos menos sustanciosos no se da.

Ya llevás tres discos en ears&eyes. ¿Cuál es para vos la importancia de estar en el sello de Matthew Golombisky?
La primera razón te diría que es sentimental. Matthew es un gran amigo. Cómo sabés el regresó a vivir a los Estados Unidos y esta es también una manera de mantener ese vínculo. Por otro lado, yo quería que salga en el mismo sello de Silencio ensordecedor, estableciendo cierta continuidad Y en tercer lugar porque siempre es importante estar dentro de un sello, por más que ears&eyes no tenga ya el volumen de producción que tenía cuando Matthew estaba en Buenos Aires. Un sello le da otro volumen a tu trabajo. Y ahora en mayor medida, cuando ves que tienen sus propias herramientas para promoverlos. Los sellos se han transformado en distribuidoras digitales, como hace por ejemplo el Club del Disco. Esto ayuda en momentos tan difíciles como estos para la difusión. Yo veo a veces músicos jóvenes que sacan un disco y solo lo presentan en redes sociales y permanecen allí el tiempo que determina esa red. Así estás volviendo efímero el esfuerzo tremendo que significa sacar un disco en la actualidad. Es un momento muy difícil para el arte en general y soy muy pesimista sobre lo que hemos ganado y perdido con Internet.
Hoy hay cierto regreso del vinilo ¿no podría pasar algo similar con el CD?
No puedo hacer futurología. Hoy la preocupación, me parece, no es como se consumirá música en el futuro, sino como se producirá música en el futuro y quien se va a quedar con el dinero de esa música. Parezco paranoico, pero ¿qué pasa si el músico no existe más porque se puede componer o producir un tema por otra via? Si hoy es más barato traducir una obra con inteligencia artificial, ¿qué queda para las personas que han hecho un arte de ese oficio? Hoy pareciera que todo da lo mismo y no. No da lo mismo. Quizás el vivo sea el último bastión del arte. La música en vivo, el teatro, el poeta que recita sus textos. La necesidad de comunicarse, de encontrarse. Quizás…
Como enfrentar al mundo entero. Juan Bayon.
ears&eyes Records. 2025
- Fragmentado 07:39
- Resonancia 04:13
- Mi Némesis 06:31
- Los Abrazos 06:08
- Cicatríz 07:40
- Anti-Monitor 07:44
- Tronador 06:44
- Final de Boedo 02:45
Juan Cruz de Urquiza, trompeta / Lucas Goicoechea, saxo alto / Santiago Leibson, piano / Lucio Balduini, guitarra / Fran Cossavella, batería / Juan Bayon, contrabajo y composición. Grabado, mezcla y masterizado por Florencio Justo en Doctor F. Buenos Aires. Producido por Juan Bayon. Arte y diseño Nicolás Gaggero.
https://juanbayon.bandcamp.com/album/como-enfrentar-al-mundo-entero






