Pablo Basez: el «dueño» de las cuatro cuerdas

En 2023 y sin proponérselo, Pablo Basez le facilitaba su contrabajo nada menos que a Ron Carter para sus shows en Buenos Aires. El músico, que por entonces lideraba su propio cuarteto, no imaginó que aquel gesto de buena voluntad se prolongaría en el tiempo y le permitiría relacionarse estrechamente con las principales figuras del instrumento en el mundo. 

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Fotografías Laura Tenenbaum, Charly Nuñez y Sergio Sassi

Promediando la segunda década del nuevo siglo, cuando el CD aún no había sido destronado por la tiranía del streaming, el jazz argentino daba muestras palpables de su creativo crecimiento. Por entonces el cuarteto que lideraba el contrabajista Pablo Basez, uno de los grupos emergentes de la escena; daba muestras de su progreso con una sucesión de buenos registros: Nius On en 2011, Otros en 2013 y el giro eléctrico de Cóncavo y Convexo del 2017, que además dieron visibilidad a jóvenes valores como Rodrigo Agudelo, Gonzalo Rodríguez y Noel Morroni.

Aquella actividad, a la que se sumaron otros proyectos musicales en paralelo, coincidieron con una tarea singular no buscada por el propio Basez, que sin proponérselo se vio de pronto relacionado estrechamente con figuras emblemáticas del género. Todo empezó en 2023, cuando los productores de Contemporánea Live que buscaban de urgencia un contrabajo para el inminente show de Ron Carter en Buenos Aires recurrieron a Basez como quien pide un salvavidas en medio de un naufragio.

La historia posterior es más conocida. Aquel instrumento que supo del talento del veterano coequiper de Miles Davis pasó desde entonces por las manos de innumerables visitantes, con los que Basez ha ido forjando una amistad perdurable.

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¿Recordás cuales fueron los primeros músicos a los que les prestaste tus instrumentos?

Esto de alguna manera arranca hace unos cuantos años, cuando vino Ron Carter con su trío al país. A mí me llaman entonces Roberto y Pablo Menéndez, de Contemporánea Live, y me comentan que necesitan un contrabajo para Carter. Y yo les ofrezco el mío. Casualmente yo había seteado el contra a la manera en que él lo usa. Pero esto había sido mucho antes de que me lo pidieran. Ni se me había cruzado que en algún momento estaría la posibilidad de acercárselo.

¿Y por qué habías seteado el contrabajo de esa manera? 

Cada contrabajista tiene una forma particular de armar su mecánica en el instrumento. Es algo muy personal. Además, por lo general, el instrumento no se presta. Por eso tiene tu impronta, tiene lo que vos necesitás para tu manera de tocarlo. De alguna manera es como un original. Cuando yo lo compré, es un contrabajo italiano, el luthier me preguntó que quería y yo le dije que había cosas de Carter que a mi me gustaban mucho y que me gustaría llevar el instrumento en esa dirección. Tomé el ejemplo de Carter, como podría haber tomado el de (John) Patitucci o cualquier otro.  Esto que te cuento sucedió tres años antes de que la gente de Contemporánea me llamara. Fue toda una casualidad. Algo muy loco.

¿Cómo le llegó finalmente tu contrabajo a Ron Carter? 

Le llevé el instrumento a la EMBA. El entonces dio allí una clase con mi contrabajo y mi amplificador. Luego los Menéndez, como una muestra de agradecimiento, me llevaron al camarín para que yo lo conozca y me anticiparon que iba a usar el instrumento en su show del Gran Rex. Me lo presentaron y recuerdo que le dije algo así como que se sintiera en libertad de cambiar lo que crea necesario; la altura del puente, las cuerdas, lo que quiera. Y el me freno. No me dejó seguir. Y me dijo algo así como “este instrumento tiene tu espíritu, algo muy tuyo. Yo jamás cambiaría eso”. Y lo tocó tal como estaba. Luego los Menéndez me invitaron a hacer de telonero en los shows de Rosario con mi cuarteto y allí pude compartir mucho tiempo con ellos, con Carter, con Russell Malone y Donald Vega, que completaban el grupo.

Marcabas este episodio con Carter como el comienzo de esta colaboración tuya con los músicos que llegan al país…

Es que fue así. Luego de eso la gente de Bebop Club o de Berlín Café, a quienes conozco desde hace años, comenzaron a contactarme para pedirme el contrabajo para los músicos que venían del exterior. Y bueno, se fue corriendo la voz y luego se hizo casi una constante con cada músico que venía a estos locales. De todas maneras te imaginarás que yo me reservo el derecho de cedérselos a quien quiera. Tiene que ser un profesional que yo sepa que lo va a cuidar, que le va a dar un buen uso. Que sepa cómo manejarlo.

Pablo Basez

¿Estás hablando del mismo instrumento siempre o tenés más de uno?

En realidad tengo dos instrumentos. Uno es el modelo italiano que le presté a Carter y otro es un modelo alemán. Son instrumentos de autor. Como obras originales. No están hechos en serie. Básicamente son instrumentos diseñados para la música académica. Luego el jazzero los adapta, los setea, para su música. De allí la originalidad de la que te hablo.

¿Y qué diferencia hay básicamente entre uno y otro?

Hay diferencias de construcción. El italiano es un instrumento que se llama busetto. Es un instrumento grande y con mucha profundidad. Tiene un sonido opaco, oscuro si querés. En cambio el alemán tiene más proyección. Tiene más volumen con un sonido más brillante y se utiliza más al frente de la orquesta, no en fila.

Contame cómo los alternás vos, si es que lo hacés y que eligieron algunos de los músicos extranjeros que los utilizaron

Para los discos que grabamos con el cuarteto usé siempre el italiano. Era el sonido que necesitaba para esa propuesta. Últimamente estoy usando más el alemán. En Saxópatas, por ejemplo, voy con ese. En cuanto a los colegas que vienen de afuera, hay de todo. Recuerdo que Lonnie Pláxico, que en 2023 vino a Bebop con el trío Anthony Wonsey, con Carmen Intorre en batería; usó los dos. El primer día usó el alemán y el segundo día el italiano.

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Generalmente vos ofrecés uno…

Si, ofrezco el que entiendo a priori que se adapta mejor al músico y al tipo de música que hace el grupo. Movilizarlos no es fácil y yo no puedo estar transportando los dos cada vez que viene alguien. Así que siempre ofrezco uno. Con Pláxico hice una deferencia y un día le llevé uno y al segundo día le alcancé el otro.

¿El hecho de que vos también seas músico propicia una relación diferente con el visitante?

Te diría que sí. Porque no es que les dejo el contrabajo y no aparezco más hasta que me lo devuelven. Intento estar presente. Ayudarlos en lo que pueda, para resolver cualquier inconveniente que se presente. Pero además, busco establecer una conexión que vaya más allá de lo profesional. Están en otro país y van a tocar con un instrumento que no es el de ellos. Por eso los invito a mi casa para que prueben los dos. Les hago un asado, compartimos charlas y música. Y eso es gratificante para ellos. Por eso también con muchos me ha quedado una relación de amistad.

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Como con Danton Boller, por ejemplo…

Totalmente. Con Danton, quien fue contrabajista de Roy Hargrove, nos hemos hecho muy amigos. La primera vez que vino a comer a casa lo llevé a recorrer La Boca y terminamos en el museo de Quinquela Martín. Quedó enloquecido. A partir de allí viene a casa cada vez que actúa en Buenos Aires y hasta se ha quedado a dormir. También Matt Penman, que vino con el grupo de Miguel Zenón con Luis Perdomo en piano y Henry Cole en batería y estuvo en casa probando los dos instrumentos y me explicó al detalle porque elegía uno por sobre el otro. Fue toda una enseñanza para mí.

Imagino que habrá algunos más demostrativos que otros a la hora de responder o valorizar tu predisposición.

Y si, recuerdo a Linda May Han Oh, que usó mi contrabajo en su show con Pat Metheny en 2022 y que cuando le comenté que después de estar con ella tenía que buscar a mi hijo, me pidió el teléfono y le grabó un video muy afectuoso. Recuerdo también a Pláxico acompañándome a la calle para ayudarme a bajar el contra del auto. La gratitud de David Wong, que vino con Bill Charlap y la buena onda de Ben Street, que tocó con John Scofield, Tom Harrell o Sam Rivers; y que vino acá con Aaron Parks. Como también Avishai Cohen, quien si bien no usó mi contrabajo, tuvimos lindas charlas las dos veces que vino a Buenos Aires. La primera de ellas, recordarás, yo abrí el show con mi cuarteto. Y esto es lo que queda en definitiva. La conexión que se arma y la amistad que perdura en el tiempo. Para que más.

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